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miércoles, 19 de noviembre de 2008

El Síndrome de la Estatua de la Libertad



A los puristas les parecería una mierda que hable del Big Ben en primer lugar tras volver de Londres por ser uno de los principales reclamos turísticos y un símbolo del "mainstream" viajero. Pues bien, yo lo voy a hacer. Más que nada porque los puristas suelen ser unos gilipollas.

El Big Ben es un MUST SEE. Si vas a Londres tienes que ver el Big Ben, lo mismo que si vas a Nueva York has de visitar la Estatua de la Libertad, en Roma el Coliseo, en París la Torre Eiffel, o si vas a Tailandia tienes que hacerte una operación de cambio de sexo. O por lo menos ponerte un buen par de tetas para disfrute de tus colegas.
Los MUST SEE definen a las ciudades, pero hacen pagar un caro peaje.

Ese peaje es el "síndrome de la Estatua de la Libertad".

Cuando uno visita momumentos mitificados en la gran pantalla siempre se lleva un chasco, más que nada porque no resultan tan impresionantes a través del ojo humano. La primera vez que ves en directo la Estatua de la Libertad es inevitable pensar "Joder, ¿ésto es todo? Es mucho más pequeña que en las películas. ¿Y dónde están los cazas sobrevolándola y bombardeando? Aquí sólo hay asiáticos disparando "flasazos", vaya puta decepción".

El Big ben es impresionante, admitámoslo, pero también decepciona un poquillo así de primeras. Es majestuoso y bonito a la vez que sobrio. Pero visto en directo hay algo que falla. Y ojo, que luzca mejor en la gran pantalla no implica que no sea una obra de gran calidad. Pongamos un sencillo ejemplo:

El síndrome de la estatua de la libertad lo padecerán también las chicas que liguen con actores porno y demás profesionales que enseñan su miembro en la gran pantalla. Me las imagino exclamando decepcionadas:

"¿¡Ya está!? ¿¡Eso es todo!? Quiero decir, es un nabo enorme, pero en las películas parecía mucho más gigantesco. Vaya decepción... Por lo menos en la Estatua de la Libertad hay una tienda de souvenirs y cafetería, ¿sabes? ¿Pero y tú qué? ¿Sólo puedes ofrecerme una polla grande? ¿No puedo comprar camisetas ni postales? ¿Tampoco tienes un Starbucks en las pelotas? Vaya una mierda..."

El Big Ben es una maravilla, lo mismo que la polla de un actor porno es del mismo tamaño que una de mis piernas, pero eso no quita para que el síndrome de la estatua de la libertad afecte.

No obstante, el tamaño no lo es todo. Recuerdo perfectamente una visita al Congreso con el colegio y cómo la guía turística comentaba con voz orgásmica:
-Mirad al techo chicos, ¡todavía se ven los disparos efectuados por Tejero! ¿No es emocionante? Es como pasear a través de la historia...-


¿Pasear a través de la historia? Pero si eso del techo son goteras, hija de puta.


En cuanto tenga las fotos subiré una crónica del viaje. Lo he pasado de maravilla, y Londres me ha encantado. El Big Ben incluído, claro.