En el precioso y desolador poema de despedida a mi mp3 de 20 gigas comentaba que mi vida acababa de quedarse sin banda sonora. En parte mentía, porque tenía en el banquillo a un viejo conocido, un mp3 malísimo de 512mb con parte de los botones rotos. Pero oye, menos da una piedra y de momento me bastaba.
Hasta hoy.
Esta mañana mientras meaba lo llevaba en el bolsillo y escuchaba música, porque mear escuchando un buen temazo es un derecho inherente al ser humano. Al terminar tiré de la cisterna (como siempre) y me dió por acompañar el movimiento de subida de la bragueta con un saltito. Qué gilipollez, ¿no? Pero yo qué sé, lo veo mucho en las películas y siempre me ha hecho gracia, así que lo hice animado por la música. Sin más.
Pero con lo que no contaba era con que mi mp3 saltaría del bolsillo y caería directo al retrete desapareciendo para siempre en la catarata formada por la cisterna. Cinco segundos más tarde el agua cristalina mostraba un fondo totalmente pulcro en el que no se veía ni rastro de mi mp3. Como cuando en una película el bicho marino del pantano se lleva al chico repentinamente y la novia pechugona se queda sola en el bote mirando la infinita calma que reina ahora en las aguas...Desaparecido. Para siempre.
Ahora lo que procedería es otro bonito poema por los años de servicio también prestados, pero estoy lleno de ira, así que me limitaré a decir:
"Eres un hijo de la grandísima puta por dejarme sin música este invierno.
Pero me consuela que digan que los suicidas como tú ardéis en el infierno..."
Queridos Reyes Magos, quiero un mp3 nuevo. No me importa la capacidad ni el diseño, simplemente lo quiero sumergible.

"Joder Quico, te pasan unas cosas más raras..."
Ya.
